El Vallartazo

En las vacaciones, no todo es placer, y de ves en cuando hasta en el descanso te carga la chingada. A continuación contare en breve mi experiencia en Puerto Vallarta, Jalisco. Para cualquiera que le gusta leer blogs o artículos pipiris-nais donde todo es maravilla y digno de un post pal Face, mejor vete a leer algo en BuzzFeed o alguna de esas gringadas, porque este espacio es libre de mamadas (ni de las buenas por desgracia).

Para empezar, si eres pobretón como su servidor y te toca manejar hasta la playa te queda solamente de una sopa, armarte de valor al transcurrir la Autopista Compostela-Las Varas. Esto si vienes de Guadalajara y tomas el camino de cuota. Ya si estas aun más jodido y corres por la libre, no te libras de las curvas, pues las carreteras 70 y 90 también corren por los cerros de la Sierra Madre. Y que madriza te da tanta curva entre la cierra. Durante todo el transcurso ni el más valiente se salva del familiar sentido del asterisco apretado (que durante este camino va completamente sellado).

Pero bueno, al final llegamos veinte Padres Nuestros y cincuenta Ave Marías después (y eso de que soy ateo). Durante nuestra estancia, nos hospedamos en el hotel San Marino, ubicado en la zona romántica de Vallarta, al sur de la ciudad. Para quien guste saber, un cuarto de domingo a miércoles salió al rededor de 500 dólares, todo pagado. Y aunque tenga acceso a las tranquilas aguas cristalinas de la Playa de los Muertos, no se perdona lo pinchurriento del hotel (sorry por quien se ofenda).

Alguna ves escuché que la orinoterapia servia para curar la piel de acne. Si esto es verdad, al echarme un chapuzón en la alberca principal del hotel saldría con cutis tan liso como de Barbi. Y aunque también había una alberca destinada para mayores de edad, que aunque no apestaba a agua de riñón, se encontraba en las orillas una sustancia parecida al vomito que disque eran residuos de las bebidas que se salpicaban hacía el agua. Por lo menos esto es lo que nos dijo el de mantenimiento al señalarle esta flotante espuma mientras que él ni siquiera hizo la finta de que lo limpiaría.

Eso sí, tiene su historia. De acuerdo a una placa exhibida honradamente en el lobby, este hotel sirvió como hospedaje al venerable Gustavo Dias Ordaz y Presi Richard Nixon que disque para discutir relaciones entre las dos naciones. Ademas, según las malas lenguas, el hotel a sus principios fue nombrado El Delfín y propiedad del mismísimo Rafael Caro Quintero. Para este ultimo chisme no había placa. Adicionalmente, el hotel está situado enfrente del muelle San Marino, que según fue el primer muelle de Puerto Vallarta.

Pero suficiente del hotel, a lo que los truje Chencha. Como había dicho antes, aunque le falta mucho al hotel (por ejemplo servicio de bebidas que siga después de las 10pm), la playa en la que está situada es una chulada. Por lo menos durante nuestra estancia, las aguas no te zangoloteaban como mono de alambre. Al contrario, la marea se mantenía suave y cálida. Eso sí, llena de turistas, tatuajeros, vendedores de camarones en-bara-asados, ostioneros, y más vendedores típicos de las playas al sur del Rio Bravo. Tan sereno se sentía el ambiente, que hasta había un cuate pescando a las orillas de la playa con atarraya.

Pero si lo que te gusta es explorar, se recomiendan las playas de Las Gemelas o Punta Negra. Ambas situados como unos 6 o 7 km ( 4 a 4.5 millas pa quien no sepa) de la zona romántica de Puerto Vallarta, y ambas una preciosura sinónimo con belleza tapatía. Allí te empapas de tanta alegría.

Ya si vas en busca de una experiencia algo más silvestre vete a El Eden o al Jardín Botánico de Puerto Vallarta. Ambos quedan al rededor de cuarenta minutos fuera de Puerto Vallarta, hiendo hacia Mismaloya. Solamente vete prevenido. Si quires ir al El Eden es necesario rentar un carro todo terreno, ya que como se eh de esperar de la infraestructura jalisience, el camino angosto de trerraceria que llega a este parque ecoturístico esta lleno de curvas peligrosas que te avientan al pie de un barranco en cualquier descuido. Ademas, la fotos que te tomaras entre las cascadas y montes salvajes las tendrás que subir a Instagram hasta que regreses al pie de la cierra. Mientras te encuentres dentro de esa selva, no hay señal de teléfono ni conexiones wifi. Una verdadera desgracia para cualquier milenial caguenge.

Al igual, el Jardín Botánico se encuentra recluso entre las arboledas del montañoso paisaje de la Sierra Madre. En él abundan especies de fauna y flora local, y algunas especies botánicas de origen de otros continentes. Los senderos trazados entre el jardín ofrecen una experiencia inmersiva que te hace disfrutar de la naturaleza tan excepcional del jardín. Entre las veredas se encuentran multiples especies de orquidias, plantas de cacao, aves exóticas y un sin fin de colores y aromes que brinda la variedad de flora. Ademas, ¿donde más se puede nadar en las mismas aguas que nutre la fauna y flora local? Esto gracias a que en el jardín ay acceso al Rio Horcones. Y aunque no tenga fotos, solo imaginen aguas refrescantes en medio de la selva frondosa que forma parte de el borde del jardín. 

En Vallarta y sus alrededores, estos espacios de belleza natural abundan en cualquier rincón. Sin embargo, como es de costumbre en estos albergues de belleza mexicana, la omnipotencia de la globalización e intervención gringa perdura. Por ejemplo, el Jardín Botánico, aunque cuenta con personal local, sus directors y ejecutivos son en su mayoría extranjeros. El Eden debe la mayor parte de su fama a que usaron ese rincón de selva como set para la filmación de Depredador. Bares, ántros, tiempos compartidos, y hoteles de dueños gringos o europeos que en muchas ocaciones promocionan sus servicios solo para clientes extranjeros.

Aunque la belleza sea incomparable y la diversion interminable para un turista como yo, es imposible no pensar en esta realidad de los sitios vacacionarios de Mexico. Al terminar mi descanso en Puerto Vallarta contemplé al ver como nuestro hotel a las orillas de la playa de los muertos se llenaba de nuevos huéspedes amontonados en el lobby. Al regresar a las curvas de la carretera que sale de la ciudad vi la interminable fila de coches a vuelta de rueda pero con los ánimos aliviados, pues estaban apunto de empezar sus vacaciones. Pero para el chofer de los camiones pasajeros, para el pescador que vi junto a mi hotel, para el taxista que me zangoloteó mientras bajábamos la cierra, estoy seguro que aunque gente como yo es la razón por la que tienen movimiento económico, me han de ver como invasor.

Leave a comment

Design a site like this with WordPress.com
Get started